viernes, 16 de diciembre de 2011

Una vieja foto

niños
pobremente vestidos
con ropas de colores que fueron vivos

el papel no ha soportado el paso del tiempo

luz que luego ha venido
a fatigarlo
luz después de la primera luz

mi primo
camino de tierra
mi prima
con gafas de pasta

¿ese?
¿ese del peto?
ese fui yo

Recorramos la Iglesia



Desafortunadamente, sobre la pared izquierda del templo, allí donde dos ángeles describen una graciosa pirueta, un pintor posterior que no ha podido ser identificado, añadió el rostro del Conde de Montefatuo, con su mirada, descrita por el benevolente Marcusí, como “extraviada”. No, no es una mirada extraviada, es una mirada de imbécil. El Conde sufría un retraso mental evidente. Los rayos equis han revelado que bajo ese rostro está la firma de Mastrorafael, insigne pintor de la corte de los Ostra. Marcio Distante, último Conde de Montefatuo, fue el engendro final de una dinastía marcada por la endogamia. Su tío, D. Manuel Distante jugó con muñecas hasta el día de su muerte a la edad de 80 años mientras sus posesiones se consumían en luchas intestinas por la que nunca mostró ningún interés. Afortunadamente el Conde era estéril como una mula. A pesar de su sexualidad desaforada, de la que era objeto cualquier cosa que se agachara, y les recuerdo la reverencia protocolaria de su Corte, no logró perpetuar la dinastía.

Pero, a lo que íbamos, los dos gráciles ángeles vuelan en un cerrado círculo. Debajo, la Villa de Arnandi queda equiparada al paraíso. La vieja capital del condado, que había sido amurallada por los romanos en tiempos de Pulcro Sepelio, se observa desde una falsa perspectiva. Si se fijan, es un plano imposible. La cúpula de Santa María de los Estampidos no se encuentra tan cerca del Palacio Condal y el río se retuerce en un meandro inexistente para poder contener a esas lujosas embarcaciones engalanadas que lo recorren. Son las naves que acuden a reunirse con las convocadas por el Papa para detener al turco. Más bien parecen las barcazas de una alegre excursión en las que se ríe, se come, se bebe, se escucha música y se goza de los placeres mundanos.

Esa cigüeña enorme, debido a su cercanía con el observador, acaba de deshacerse de un excremento. Si calculan ustedes la trayectoria vendría a dar sobre aquel conjunto de elegantes nobles que espera a la puerta del palacio para ser recibido en audiencia. Concretamente sobre la calva reluciente de D. Marcio Pecunnio, célebre por haber abrigado esperanzas de convertirse en papa. Enemigo de los Distante en una historia que viene de atrás y que quizá algún día les cuente.

Esta parte del fresco contiene muchos otros detalles que no deben pasarles desapercibidos. Les invito a que visiten ustedes la página güeb que lo contiene en detalle y redacten un texto donde expliquen cuál es su interpretación.

Abandonemos este lado del Evangelio y progresemos para observar esta talla de San Turrón. El infantilismo de la rama ya ajada de los Distante privilegió una cocina ducal atiborrada de azúcares y reposterías. Intercedieron por este monje desconocido hasta promocionarlo a santo. Pueden ver que se abre su pecho mostrando un corazón en forma de almendra y que sostiene en su mano una pala de amasar mientras que varias abejas se regocijan en la tonsura. Un hecho curioso, el cuerpo de la talla no existe más que como un pobre saco de paja que ha tenido que ser repuesto varias veces a lo largo de su historia. Existen sus miembros y cabeza, ensartados en una estructura que los mantiene, pero del cuerpo nada de nada. Teorías hay de las que quieran, la más ridícula es que esta falta de cuerpo del santo es una metáfora. ¿Para qué se iban a molestar en modelar lo que el hábito no dejaría ver?

Como saben, la iglesia se encuentra bajo la advocación de Nuestra Señora de los Estampidos. Esto es debido a la climatología tormentosa del condado. Los truenos, rayos y centellas son habituales durante todo el año y muy especialmente en verano. No es inusual que las nubes bajas procedentes del Oeste choquen contra la Cordillera Deaquí y se acumulen rápidamente. Después, no se sabe muy bien por qué, el tiempo se arrebata bajo la panza oscura de las nubes y se desatan tormentas eléctricas acongojantes. Hasta la invención del pararrayos, habituales ahora en todos los tejados y azoteas, árboles y ciudadanos se encargaban de frenarlos. Algunos personajes ilustres de la ciudad acabaron carbonizados, lo cual garantizó su conservación para la posteridad. El Obispo Malamil, quedó hecho una tea la tarde del 21 de abril de 1656, y su cuerpo, aún incorrupto, se conserva en una urna que se encuentra en la Sacristía y que tendremos la oportunidad de ver posteriormente.

Así nos va

Música de Wim Mertens, L´heure du loup

domingo, 4 de diciembre de 2011

Frío

Frío.
Esos,
hablan de frío.


Muchacho,
si alargas el brazo en mi cama
lo encuentras.

Eso es frío,
amigo.
Frío.


Un año de frío,
cinco años de frío,
cuarenta años de frío,
de puro frío.

Eso es frío.

Cuarenta y pico años de frío.
Te da la risa tiritando.

La calavera que eres
chocando dientes.
Muerta de risa y de frío.
Pero sobre todo, muerta.

De risa y de frío.

viernes, 11 de noviembre de 2011

Reflexiones en cuclillas desde lo alto de un armario



Texto de Julio de 2011

Francisco Alemán Páez en La Noche del Rinoceronte



El primer miércoles de cada mes el rinoceronte tiene su noche en el Cuasquías (Las Palmas de Gran Canaria). Es una noche de libros conducida por Juan Carlos de Sancho, maestro de ceremonias que se encarga de buscar una joya humana que mostrarnos. La noche del pasado miércoles trajo a un señor con gafas y barba que responde al nombre de Francisco Alemán Páez. Sobre cada una de las mesas había un papel que lo presentaba: “Francisco Alemán Páez es Doctor y Licenciado en Derecho, en Sociología, y en Ciencias Políticas. Ejerce su actividad profesional en la Universidad de Córdoba como Catedrático Acreditado de Derecho del Trabajo.” Se encendían algunas alarmas en el cerebro. Pero el documento continuaba la descripción. Francisco Alemán Páez hace poesía (ha publicado al menos tres libros), música y pintura. Juan Carlos de Sancho me recordó a esos que comiendo marisco chupan hasta el jugo de las cabezas porque con sibaritismo exquisito y como quien no quiere la cosa fue enseñándonos que todo lo que ponía el papel era verdad. Se entrelazó la interesante entrevista con la lectura de un par de poemas, atacada por el mismo autor y también en un video sencillo y excelente que tenían preparado. El rinoceronte de Durero, símbolo del espíritu renancentista universal, se había relajado pero aún no había encontrado la plena felicidad. Lo hizo cuando el persona, poeta, profesor de derecho y pintor empezó a afinar un timple. Juan Carlos de Sancho se bajó del escenario y subió un amigo de Alemán Páez con la guitarra. Y juntos, con una interpretación impresionante de una canción popular canaria, terminaron de redondear una noche perfecta.

El acto hizo saltar por los aires mi sensación de soledad. Además del ruido y el grito diario, existen personas que hablan, sienten y crean. Estaremos atentos a las próxima noche del rinoceronte.

viernes, 14 de octubre de 2011

Principios Deformables

“Después de un fracaso, el de no haber alcanzado a su presa. Tras haber perdido en una persecución infructuosa las energías del día, el tiempo y la punta de una lanza que le ha llevado horas afilar, el hombre desnudo, con el único arma ya de sus pocas fuerzas, mira a la luna y se cubre con una piel. El fracaso y el frío que siente perfilan sus límites y le dan una medida. Un borde que al mismo tiempo que define su tamaño le separa del resto de las cosas que son. La luna brilla más que nunca, y se plantea cómo es que ha cambiado su manera de brillar desde la última noche en que en ella se fijó. Ha de volver a la cueva con los suyos. No lo sabe, pero ha dado un gran paso para todos. Nos dejará en herencia un pálpito, un suspiro, un padecimiento que se sumará al acervo de la especie. Loados sean nuestros padres.”

DE PALOS, Pedro: Principios Deformables, Barcelona, Pretéritos, 1971

sábado, 3 de septiembre de 2011

Expiación




Mi vecino me espía. Se pasa horas detrás de una cortina por la que asoma uno de sus ojos, creo que el derecho, y me observa. Su ventana dista de la mía el ancho de la calle. He tomado la valiente medida de contraespionarle sin tapujos. He comprado un catalejo y un trípode con el que le observo sin ningún disimulo, sin cortinas, mientras él me observa. La potencia de mi óptica es tal que puedo distinguir su ojo con todo detalle. Sé si tiene el iris dilatado o la esclerótica irritada. Mi vecino, para mí, es un gran ojo que me observa mientras le observo. Cuando me voy, cuando me retiro, no sé bien si él se retira o se queda esperando a que yo vuelva.

Me cambio de ropa con frecuencia. Adopto posturas extrañas junto a mi catalejo o leo libros de los que dejo disimuladamente entrever las tapas para que mi vecino piense que soy un tipo culto, una mente vivaz, un elegante caballero que se cambia de ropa cada diez minutos o que practica alguna clase de meditación oriental. Quiero que sepa que sé que me mira con su único ojo. La cortina me impide saber si tiene dos. Es casi seguro, pero como nunca he visto su otro ojo, en verdad no lo puedo asegurar.

He colgado un bistec del borde de la ventana y lo he estado golpeando con un matamoscas. Mi objetivo no es otro que torturar a mi vecino con las incontestables preguntas que mis actos producen en su mente enferma. Desecho cualquier acto que tenga una fácil interpretación, como sacarme los mocos o apuntar con mi óptica a la luna. Quiero que se devane los sesos pensando el porqué de las cosas que hago. Es el justo castigo a su hostigamiento sicológico. Me despierto de noche con nuevas ideas de cosas que exponer ante su mirada infinita. Me acerco al catalejo y, si lo veo observando, esa misma noche consigo los elementos y se los muestro. Acabaré con él.

domingo, 31 de julio de 2011

Reflexiones en cuclillas desde lo alto de un armario



Me crecen plumas en las manos.
La sangre se me vuelve tinta y la derramo.
Pido perdón por las palabras que perpetro.
Por tanta pe. Pido perdón.

Ganas de sacar la garganta por la ventana.
Como el caballo de Guernica. La lengua en pico.
Pero nada más lejos de mi carácter que ir llamando la atención.
Las ganas me las guardo.
Si fumara en pipa, me guardaría las ganas golpeándola ligeramente contra el borde de una mesa.


Pero nunca he fumado, y esa es mi perdición.
Nunca he fumado y no puedo aspirar a que una enfermedad terrible
me aparte del papel después de carcomerme cada diente.
Muelas sanas.
Como como un condenado. Gano peso. Pierdo altitud.
Me precipito desde lo alto de un armario.
No muy alto.
Todo es caer mal. Y desnucarse.
Caer a plomo.

Me pone un pollo completo.
Y dos raciones de papas.
Debo lastrarme para caer bien.
La primera vez que voy a caer bien.
Desde lo alto de un armario.
Me lo comí todo, también el contramuslo,
que nunca supe lo que es.

Poco probable es que vuele.
Las plumas en las manos son sólo una metáfora.

lunes, 20 de junio de 2011

Notoriedad

El señor Q quería notoriedad, por eso puso una bomba en el parque y reventó el vientre de dos paseantes.

El señor D deseaba ser reconocido y fue corriendo a filmar las tripas para su cadena de televisión.

La señora S sólo quería dar información de primera mano, destacar entre sus amigas, y llamó a Felisa para que encendiera la tele y viera las tripas en directo antes de que algún perro se las llevara.

Yo también quiero la fama y este jueves subo al campanario de mi pueblo y me la meneo. ¡Qué Dios me perdone!

lunes, 6 de junio de 2011

G21


El viernes pasado se presentó en Ambito Cultural de El Corte Inglés el libro “Generación G21: nuevos novelistas canarios”. ¿Qué es el libro? Una colección de 12 cuentos de otros tantos novelistas canarios que se encuentran frisando los cuarenta años. Es producto de la iniciativa y vitalidad del editor Ánghel Morales que pretende reivindicar a los novelistas canarios actuales frente al desconocimiento general y la idea imperante de que Canarias es solo tierra de poetas. Como resultaba materialmente imposible reunir doce novelas en un volumen nos hemos de conformar con un cuento por autor para hacernos una idea de cada uno de ellos.


Hasta aquí la descripción del libro. Lo llamativo de la reunión fue la camaradería, el buen humor y la inteligencia que vibraba en cada una de las breves pero jugosísimas intervenciones de los ocho autores (de los doce, insisto) que pudieron estar presentes el viernes en la última planta de El Corte Inglés. Ocho autores que despertaron el interés por conocer qué han sido capaces de hacer hasta la fecha y qué podrán conseguir en el futuro. Ninguno de ellos, cada cual, según su estilo, dejó al público indiferente y contribuyó a constatar que, más allá de la mediocridad que suele asomar en la vida cotidiana de nuestras islas de la mano de la televisión y también de los titulares de la prensa escrita, existe la inteligencia, la amabilidad, la ponderación, el arte y el buen sentido. A constatar que además de gritos existen voces. Personas capaces, como dijo uno de ellos, de “llevar nubes en los bolsillos” y compartirlas con sus lectores.

viernes, 15 de abril de 2011

Extracción de la Piedra de la Cordura

“Si Fernando González Ochoa nos previene, a través de la entrada del día once de abril de 2011 en el blog Sufro de Sueños (ver blogs apuntados desde éste en el margen izquierdo), contra el síndrome del grande hombre incomprendido, yo, modestamente les prevengo contra el síndrome del hombre mínimo, creyente en que toda la culpa de sus males está en él mismo, sus actitudes, sus acciones o su falta de acción. Porque si el primero busca en los demás la explicación de sus fracasos y con ello justifica su inacción, el segundo busca la evitación del conflicto con los que le rodean y de esta manera, también, justifica igualmente su inacción.

No soy sicólogo, no soy filósofo, no soy sociólogo pero la observación de los demás y de mí mismo, las pocas lecturas que he hecho y mi blanda inteligencia me han llevado a concebir que somos, como personas, un cráneo que alberga un cerebro de alguna manera representante de nuestro verdadero yo, si tal existiera. A ese cráneo le suceden tejidos adiposos y musculares antes que la piel y después de ésta las mil máscaras que son nuestros gestos, muecas, sonrisas. Después están las palabras, como éstas. La elaborada máscara de las palabras capaces de nombrar cosas que no existen, capaces de derrumbarse ante lo inefable.

Me pregunto si detrás de las máscaras algo existe, o si somos sólo el perifollo del vacío. Que no somos nada más allá de las capas sucesivas. Y me pregunto esto con el desasosiego propio de quien se teme la peor respuesta, que no existe una respuesta. Pero también con el desasosiego de saber que somos una colección de máscaras que nunca observaremos cabalmente ni con el mejor juego de espejos. Resultamos inabarcables a nosotros mismos. Pero de alguna manera difusa intuimos cuando traicionamos a eso que suponemos nuestro meollo, cuando estamos usando un disfraz que no nos sienta. Por eso, a veces, la culpa de lo que nos pasa la tiene otro y otras, nosotros mismos, pero solemos hacernos pensar que la tiene quien más cómodo en cada momento nos resulta. Con todo esto buscamos un acomodamiento en el mundo, por no decir, una búsqueda relativa de la felicidad. Un compromiso de equilibrio entre la demencia y la cordura, entendiendo aquéllo como la visión distorsionada de la realidad que nos incluye, y ésta, como su visión cabal. Hablamos entonces de los límites de la felicidad.”

Pedro de Palos


miércoles, 30 de marzo de 2011

Si pudiera

Si pudiera decirte que soy nada

y al mismo tiempo

sobrevivas

te diría

que soy nada

y al mismo tiempo sobrevivas

Y si pudiera decirte que soy nada

y al mismo tiempo

sobreviva

te diría

que soy nada

y al mismo tiempo sobreviva

Si pudiera decirte que sólo vivo

en el reflejo de tus ojos

pendiente de la luz que tú ves

al margen de una nada que soy

aliento en tu suspiro

idea en tu cabeza

forma entre tus manos

Una nada sin tus dedos soy

una sombra sin lo que tus ojos ven

un cadáver

una mueca

no aspiro

eructo

una mancha verde a la altura de la boca del estómago

eso soy

fuera de tus sueños


Omnes generationes

Sí. Te oigo. Y oigo llover. Y he oído llover mil días antes que éste en el que el sol ha lucido, y mil días antes que los mil días en los que se oyó llover antes que éste. Y sé que has dicho algo de los diálogos de alguien que oyó la lluvia de hace veintisiete siglos caer. Todo eso lo sé y te sigo la corriente. Para ti la corriente de tu Heráclito. Todo eso lo sé. Pero antes que eso sé que mi hija que es tu mujer y la yerna de tus padres tiene el vientre lleno. Explotará la próxima semana. ¡Veintisiete siglos dichosos! Llorará ese vientre antes de que puedas hilvanar una hermenéutica entre tus amigos dipsómanos. ¿Qué buscas entre estrellas? ¿Qué oído tienes que oye antes las música de las esferas que no existe que el lloriqueo de un niño que busca su pezón! ¡Eres varón y nada entiendes!

Tagoror

Tagoror vino a ser para los guanches el lugar de reunión para la toma de decisiones que afectaban a la comunidad. Un punto singular de la vida social, circular, delimitado por grandes piedras, provisto de otras que eran asiento para sus miembros. Este centro sigue existiendo en Fuerteventura con ese nombre. Es punto de convergencia de la literatura, los libros, lo libresco. En Puerto del Rosario, en la calle Virgen de la Peña está la librería Tagoror. Allí voy a parar como si me atrajera el poder de un maelstrom cada vez que paso por la isla. Y ustedes saben que hay librerías y librerías, y además, almacenes de libros. Allí, aunque no busques, encuentras. Es el lugar agradable de copas adonde vas a dejarte ver, a empezar a reconocer caras amables que te miran y manos que se van extiendo para saludarte. Con una pregunta rutinaria se inicia una conversación que deriva a los temas de los que sólo hablas con esos amigos entrañables de intereses comunes y tan poco comunes. En Tagoror, esos últimos amigos a los que saludé esta misma semana fueron Julio Cortázar, Sócrates a través de Platón, a su vez a través de Emilio Lledó, Mario Benedetti, Alberto Durero y Miguel Angel Buonarrotti. No hace falta que vayas a buscar a nadie a Tagoror. La literatura te encuentra y te aborda, y ten cuidado, quizás te arruine lo que queda de tu sueldo.


Es una gran librería grande. En cuanto al librero. Sé que hay unas chicas que te pueden ayudar y a las que recurría antiguamente. Ahora prefiero no molestar. Unas cuantas terminarles dispersas por la planta te ayudan en las búsquedas o a leer el código de marras de lo que hayas encontrado. Si buscas libros para tus hijos, hay de texto y juvenil; si buscas para tu amigo, hay novedades; para tu ligue, hay libros de portadas en relieve con parejas que se besan; para esa afición que inicias y pronto abandonarás, libros técnicos hay; pero por encima de lo que tiene que haber está lo que debe haber en una librería que se precie: un diario o libro mayor de la literatura universal que uno se va llevando poco a poco, con cada visita, como una hormiga. Sales de Tagoror sabiendo que te llevas en una bolsita cuarenta o cincuenta veces tu propio peso.

miércoles, 2 de marzo de 2011

Las mañanas de los gatos

Tres gatos negros duermen siempre en el portal o en el jardín.

Paso y me dirigen tres miradas cansadas de gatos viejos que

están de vuelta de ovillos y ratones.

Quisiera quedarme con ellos a haraganear la mañana en el jardín, al sol,

viendo pasar a los trabajadores del bloque con sus bolsas de bocadillos,

a esperar los olores de las cocinas a la una.

A ver cómo bajan al mercado las vecinas, vuelven los estudiantes,

cómo los repartidores suben las botellas.

Cómo las vuelven vacías a bajar.


Me han robado las mañanas.

Eso que los gatos tienen gratis.

A fuerza de hacer fuerza

A fuerza de hacer fuerza para no echar de menos ni un beso, ni un abrazo,

a fuerza de hacer con mi semen un escupitajo más en los bajantes,

con mi cabeza el soporte de un sombrero,

con mis pies rellenos para calcetín,

con mi corazón una víscera sola,

con mi sonrisa una mueca falsa,

con mis brazos una cruz,

con mi piel una coraza,

con mi luz una sombra,

a fuerza de hacer fuerza en simular que me interesa el vuelo de las moscas,

a fuerza de hacer fuerza

me he herniado.


domingo, 27 de febrero de 2011

En tierra de infieles


Leonardo Sciascia escribe en Tierra de Infieles un relato basado en hechos reales, recuperando el cruce de cartas entre la Iglesia y uno de sus obispos, el de Patti, Angelo Ficarra. Los problemas de este obispo habían empezado antes de la guerra, cuando no siendo obispo aún había prohibido la proyección de películas durante las fiestas religiosas de la localidad, es decir, cuando había hecho cumplir las normas de la Iglesia. Y, sin embargo, por la Iglesia fue recriminado porque se trataba de películas de ensalzamiento del régimen fascista. Había normas y normas.


Ya de obispo pasaron años y elecciones locales sin que ganara la Democracia Cristiana. Y ese fue su gran pecado. Todos ese tiempo es el que queda recogidos esencialmente en el relato de Sciascia con el magnífico cruce (es un decir y luego explicaré por qué) de correspondencia entre la Iglesia y su obispo. Esta historia da pie a Leonardo Sciascia a exponer su crítica a una Iglesia oficial claramente posicionada políticamente y que le resulta bastante más que antipática. El autor casi se lamenta de ejemplarizar la conducta del obispo con el objeto de poner de relieve los ataques de los que éste fue objeto desde la curia. El “cruce” de correspondencia apenas fue tal, desde mi punto de vista, porque la inmensa mayoría de las cartas expuestas, si la memoria no me falla, se produjo en un solo sentido, las dirigidas desde la Iglesia al obispo. Sciascia, o la realidad que así fue, describe a un obispo de “perfil bajo” como se dice ahora, que resiste pasivamente durante años los ataques de sus superiores. Puede tratarse de una estrategia del autor para mantener al obispo en un limbo de beatitud, dando a entender que si la Democracia Cristiana no ganaba las elecciones era debido a su falta de capacidad y no porque el obispo les apoyara o dejara de apoyarlos. En verdad, de este personaje sabremos poco. Entran en el relato una serie de cartas magníficas, con una redacción impecable, una formalidad intachable, un respeto aparentemente fuera de toda duda, donde, sin embargo, entre líneas se lee la fuerte crítica al obispo y el fastidio de la Iglesia por su resistencia a abandonar el puesto. Intentan presionarlo y hasta le inventan, unilateralmente y sin diagnóstico, una enfermedad para poder comprender su deseo de marcharse. Pero Angelo Ficarra, no se da por aludido. Continúa en su cargo. Le asignan un ayudante que no pide, que podrá tomar por él todas todas las decisiones para que el obispo pueda ocuparse mejor de cuidar esa enfermedad que no tiene. Pero Angelo Ficarra, aún con el ayudante, seguirá siendo quien tome las decisiones. La exquisita prosa de Leonardo Sciascia se prolonga durante este relato corto, entreverándose con las cartas. El origen común del castellano y el italiano produce el juego léxico por el diferente uso de las palabras en uno y otro idioma. Se cuelan expresiones, frases y palabras que no siendo de uso frecuente en español, existen. Son trasladadas (más que traducidas) del italiano con un efecto bellísimo y vivificante para nuestra lengua. Volviendo a la historia, después de muchos años, la Iglesia encuentra la manera de deshacerse del obispo. Cuando se encuentra de vacaciones en su pueblo, se le comunica sorprendentemente que ha sido elevado a un arzobispado. Ese acto final es la cumbre del doble lenguaje de la Iglesia, de su hipocresía, del arbitraje interesado entre lo humano y lo divino, entre la ética de Cristo y la real. La Iglesia promueve al Obispo Ficarra a una dignidad superior con el objeto de quitárselo de en medio, de una maldita vez.

viernes, 18 de febrero de 2011

Domingo López Torres

A raíz de la polémica propuesta parlamentaria de D. Blas Cabrera Felipe para el Día de de las Letras Canarias he leído una cincuentena larga de opiniones diversas. Más o menos agrupables todas como en contra y a favor. Y cómo no hay mal que por bien no venga, ha tenido el efecto colateral de que yo vuelva la mirada hacia la estantería donde duermen unos cuantos libros esperando que les dedique un rato suelto entre el trabajo, las tareas de la casa, los amigos, etc.


Entre tantas, leí una opinión según la cual la ausencia de escritores canarios de valía dificultaba encontrar candidatos al Día de las Letras Canarias. Pensé: debe ser que lo llevamos celebrando desde tiempo de los guanches y se ha agotado la lista. Comprobé que no era ése el problema. El problema es la ignorancia dolorosa, con muchos ejemplos: esa opinión, la propuesta del Parlamento Canario (que ha incurrido en un clamoroso ridículo) y mi propio (des)conocimiento de la literatura canaria, sin ir más lejos. No me hace falta señalar a nadie más allá de mi ombligo. Un nombre, de entre muchos, que aparecía repetido en las listas de los blogueros era Domingo López Torres. Efectivamente, tenía un libro suyo en la estantería, olvidado. Lo tomé y lo leí.


Me encontré por un lado una poesía exquisita con el mar como protagonista, por otro unos excelentes poemas surrealistas y unos magníficos artículos de opinión artístico-intelectual publicados en Gaceta de Arte y La Tarde durante los años 30. El delito de un buen grupo de canarios en aquel momento no fue no estar a la altura de las circunstancias sino exactamente el contrario, encontrarse por encima del casposo provincianismo que quizá hubiera asegurado su supervivencia. Sin embargo, ellos conectaban con las vanguardias políticas e intelectuales de Europa gracias a personas como Domingo López Torres, Eduardo Westherdahl, Domingo Pérez Minik y compañía. Por eso a Domingo López Torres lo encerraron en Fyffes (símbolo del bananerismo que todavía nos acecha), después lo metieron en un saco y lo tiraron a la mar, con 29 años (algunos dicen que 26). Otros intelectuales sospechosos no habían tenido una actividad política tan intensa, o un origen tan humilde o a un familiar pudiente que pudiera defenderlo. Aunque otros sobrevivieron, a Domingo lo asesinaron. A sus 29 años, con los medios de la época y de manera autodidacta había logrado formarse de la manera que queda acreditada en sus textos. Asombran especialmente los artículos de opinión publicados en Gaceta de Arte. A esta revista también la mataron, como se mata a las revistas, pues dejó de publicarse en junio o julio de 1936 a causa de la guerra. ¿Qué hubiera sido de las letras canarias que pretendemos homenajear cada año si los bárbaros no hubieran cortado vidas y proyectos de raíz? No lo sabremos nunca. Sí sabemos que el hilo de la historia que sí fue nos ha llevado a un Parlamento de Canarias como el que tenemos. A que canarios, no ya de la calle, sino con estudios universitario, estén al nivel de sus señorías. Por mi parte, he caído en la cuenta, que ya es algo, e intentaré poner remedio. Quizá no podamos esperar ayuda de nuestros políticos. El autodidacta Domingo López Torres demostró que no son imprescindibles. Es posible incluso que sólo estorben.