lunes, 30 de junio de 2008

Los Orígenes de la Alteridad

La alteridad de Pessoa comenzó quizás con los juegos literarios del cenáculo de Queiroz. Este último y sus amigos inventaron al menos un ego literario, Fradique Mendes, precursor de Ricardo Reis o Alvaro de Campos. Un hermano mayor y radicalmente decimonónico.

El carácter sensible de Pessoa encontró en esta idea un medio para expresarse por boca de otros y al mismo tiempo desaparecer, disolverse o difuminarse entre las personas ficticias en las que se reencarnó en vida. En la foto junto a sus compañeros de oficina, la del patrón Vasques, ¡qué poca cosa se ve! ¿Pessoa? No, se nos ha escurrido y transformado en Bernardo Soares.

Pero, al mismo tiempo que se disolvía, también se recomponía, se fortalecía y se afianzaba, en otro que nunca fue, en cada uno de esas otras personas que eligieron la sensibilidad del poeta portugués para salir de un mundo de sueños y plasmarse en el papel. Ese aparente letargo soñoliento fue un arrebato creativo tan poderoso que la vida diaria no pudo ver, pero que el paso de las décadas ha mostrado, sacando con paciencia páginas polvorientas del fondo de un arca. El arca de un tipo solitario, de gafas redondas y frágiles, que creía estar garabateando letras para sí, y estaba inventando parte de la literatura del siglo XX.