viernes, 16 de diciembre de 2011

Una vieja foto

niños
pobremente vestidos
con ropas de colores que fueron vivos

el papel no ha soportado el paso del tiempo

luz que luego ha venido
a fatigarlo
luz después de la primera luz

mi primo
camino de tierra
mi prima
con gafas de pasta

¿ese?
¿ese del peto?
ese fui yo

Recorramos la Iglesia



Desafortunadamente, sobre la pared izquierda del templo, allí donde dos ángeles describen una graciosa pirueta, un pintor posterior que no ha podido ser identificado, añadió el rostro del Conde de Montefatuo, con su mirada, descrita por el benevolente Marcusí, como “extraviada”. No, no es una mirada extraviada, es una mirada de imbécil. El Conde sufría un retraso mental evidente. Los rayos equis han revelado que bajo ese rostro está la firma de Mastrorafael, insigne pintor de la corte de los Ostra. Marcio Distante, último Conde de Montefatuo, fue el engendro final de una dinastía marcada por la endogamia. Su tío, D. Manuel Distante jugó con muñecas hasta el día de su muerte a la edad de 80 años mientras sus posesiones se consumían en luchas intestinas por la que nunca mostró ningún interés. Afortunadamente el Conde era estéril como una mula. A pesar de su sexualidad desaforada, de la que era objeto cualquier cosa que se agachara, y les recuerdo la reverencia protocolaria de su Corte, no logró perpetuar la dinastía.

Pero, a lo que íbamos, los dos gráciles ángeles vuelan en un cerrado círculo. Debajo, la Villa de Arnandi queda equiparada al paraíso. La vieja capital del condado, que había sido amurallada por los romanos en tiempos de Pulcro Sepelio, se observa desde una falsa perspectiva. Si se fijan, es un plano imposible. La cúpula de Santa María de los Estampidos no se encuentra tan cerca del Palacio Condal y el río se retuerce en un meandro inexistente para poder contener a esas lujosas embarcaciones engalanadas que lo recorren. Son las naves que acuden a reunirse con las convocadas por el Papa para detener al turco. Más bien parecen las barcazas de una alegre excursión en las que se ríe, se come, se bebe, se escucha música y se goza de los placeres mundanos.

Esa cigüeña enorme, debido a su cercanía con el observador, acaba de deshacerse de un excremento. Si calculan ustedes la trayectoria vendría a dar sobre aquel conjunto de elegantes nobles que espera a la puerta del palacio para ser recibido en audiencia. Concretamente sobre la calva reluciente de D. Marcio Pecunnio, célebre por haber abrigado esperanzas de convertirse en papa. Enemigo de los Distante en una historia que viene de atrás y que quizá algún día les cuente.

Esta parte del fresco contiene muchos otros detalles que no deben pasarles desapercibidos. Les invito a que visiten ustedes la página güeb que lo contiene en detalle y redacten un texto donde expliquen cuál es su interpretación.

Abandonemos este lado del Evangelio y progresemos para observar esta talla de San Turrón. El infantilismo de la rama ya ajada de los Distante privilegió una cocina ducal atiborrada de azúcares y reposterías. Intercedieron por este monje desconocido hasta promocionarlo a santo. Pueden ver que se abre su pecho mostrando un corazón en forma de almendra y que sostiene en su mano una pala de amasar mientras que varias abejas se regocijan en la tonsura. Un hecho curioso, el cuerpo de la talla no existe más que como un pobre saco de paja que ha tenido que ser repuesto varias veces a lo largo de su historia. Existen sus miembros y cabeza, ensartados en una estructura que los mantiene, pero del cuerpo nada de nada. Teorías hay de las que quieran, la más ridícula es que esta falta de cuerpo del santo es una metáfora. ¿Para qué se iban a molestar en modelar lo que el hábito no dejaría ver?

Como saben, la iglesia se encuentra bajo la advocación de Nuestra Señora de los Estampidos. Esto es debido a la climatología tormentosa del condado. Los truenos, rayos y centellas son habituales durante todo el año y muy especialmente en verano. No es inusual que las nubes bajas procedentes del Oeste choquen contra la Cordillera Deaquí y se acumulen rápidamente. Después, no se sabe muy bien por qué, el tiempo se arrebata bajo la panza oscura de las nubes y se desatan tormentas eléctricas acongojantes. Hasta la invención del pararrayos, habituales ahora en todos los tejados y azoteas, árboles y ciudadanos se encargaban de frenarlos. Algunos personajes ilustres de la ciudad acabaron carbonizados, lo cual garantizó su conservación para la posteridad. El Obispo Malamil, quedó hecho una tea la tarde del 21 de abril de 1656, y su cuerpo, aún incorrupto, se conserva en una urna que se encuentra en la Sacristía y que tendremos la oportunidad de ver posteriormente.

Así nos va

Música de Wim Mertens, L´heure du loup

domingo, 4 de diciembre de 2011

Frío

Frío.
Esos,
hablan de frío.


Muchacho,
si alargas el brazo en mi cama
lo encuentras.

Eso es frío,
amigo.
Frío.


Un año de frío,
cinco años de frío,
cuarenta años de frío,
de puro frío.

Eso es frío.

Cuarenta y pico años de frío.
Te da la risa tiritando.

La calavera que eres
chocando dientes.
Muerta de risa y de frío.
Pero sobre todo, muerta.

De risa y de frío.