La novela no es fácil de
conseguir, porque, desgraciadamente, la distribución está siendo
lenta debido a la modestia de los medios. Ha sido una producción que
Jonathan Hernández describió como “artesanal”.
Según lo que pude
entender a su autor, es una historia de amor tratada con mucho humor
y donde participa una cabra-cupido, entiendo que a la manera de una
superconciencia de alguno de los personajes. El autor pretende narrar una historia donde aparecen los
universales sentimientos y situaciones que se dan en la
pareja, en este caso de dos chicos, huyendo de guetos y
encasillamientos. Todos, en un momento u otro de nuestras vidas hemos
sufrido las flechas de la cabra.
A pregunta de un
asistente Jonathan Hernández explicó el proceso creativo concreto,
la “metodología” de escritura. Un método, o falta de él, pleno
de espontaneidad y levedad (en el sentido calvinista). La novela ha
sido escrita en la noche. En no pocas, los personajes han dictado la
historia al autor hasta el amanecer, desviándolo de las líneas que
éste había planeado. Ellos han tomado la palabra y han escrito su
historia. Una envidiable manera de crear.
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