Efectivamente, reconozco que mis recetas adolecen del uso excesivo de productos "de bote", frente a los de huerto y corral. Hoy cambio la tendencia, es decir, rompo una lanza, doy un giro copernicano o establezco un punto de inflexión. Presento, nada más y nada menos, que la receta del urogallo en pepitoria.
Como bien saben es imposible conseguirse una de estas aves en el Mercadona de la esquina, ni siquiera en el Mercado de la Boquería. Sorpréndanse, no se consiguen en internet ni se subastan en ebai. En Canarias decimos que quien quiere lapas tiene que mojarse el culo. Quien quiera un urogallo debe ir de cazador furtivo a los Picos de Europa. No son pocos los riesgos. Si somos sorprendidos por la Guardia Civil seremos multados, si no encarcelados, y muy probablemente nos quiten el urogallo capturado. Si nos sorprende algún ecologista, más nos vale que corramos a la Guardia Civil en busca de socorro. Es una aventura de la que se regresa con el ave, o no se regresa.
El método de captura que recomendamos es el versificado en "La Venganza de D. Mendo" que recojo bajo estas líneas. Este método antiquísimo, ya aparece en la Cantiga septuagésimosegunda bis de D. Enrique Fález, autor apócrifo de D. Alfonso X "El Sabio". Su posterior transmisión a lo largo de los siglos lo llevó hasta el texto de la obra teatral de Pedro Muñoz Seca. Recomiendo este método porque a la par de ser discreto (no produce ruido de fusilería) conserva en buen estado el cuerpo del animal, incluso su plumaje, por si lo queremos usar para rellenar cojines.
"MONCADA.– Ha de antiguo la costumbre
mi padre, el barón de Mies,
de descender de su cumbre
y cazar aves con lumbre:
ya sabéis vos cómo es.
En la noche más cerrada
se toma un farol de hierro
que tenga la luz tapada,
se coge una espada
y una esquila o un cencerro,
a fin de que al avanzar
el cazador importuno
las aves oigan sonar
la esquila y puedan pensar
que es un animal vacuno;
y en medio de la penumbra
cuando al cabo se columbra
que está cerca el verderol,
se alumbra, se le deslumbra
con la lumbre del farol,
queda el ave temblorosa,
cautelosa, recelosa,
y entonces, sin embarazo,
se le atiza un estacazo,
se le mata y a otra cosa."
Ya en la tranquilidad de nuestra cocina nos ponemos manos a la obra.
Se sala el urogallo, se fríe con el aceite hasta que esté dorado y se pasa a una cazuela. Se pica bien la cebolla y los ajos, sofriéndolos a fuego lento en el aceite sobrante de freír el urogallo, hasta que la cebolla se ponga transparente. Incorporar a esto vino blanco, almendra picada, azafrán, un poco de pimienta y un vaso de agua. Se deja que hierva unos 10 minutos y se echa por encima del urogallo. Se echa el perejil y los huevos duros picados y se remueve. Se dejar cocer a fuego lento durante 1 hora aproximadamente, añadiendo agua si fuese necesario (estará hecho cuando se separe bien del hueso).
¿A qué sabe? A crimen.
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viernes, 30 de abril de 2010
jueves, 29 de abril de 2010
Garbanzos a la Ligera. Nota de Cata
Comestibles sin alharaca, pero mucho mejor de lo que preveía. Imperio de dos sabores, el chorizo y el garbanzo. El caldo muy desapercibido y las papas una mera comparsa.
miércoles, 28 de abril de 2010
Un Hombre en el Hogar
Pretendo inaugurar una sección con este nombre porque he vuelto a vivir solo y por tanto a enfrentarme, con un espíritu mucho más creativo que la otra vez, a los problemas de intendencia en el hogar, mi nuevo hogar, en el que vivo con una planta, cuyo bienestar es, por cierto, uno de mis asuntos pendientes.
Aún con miedo de ser políticamente incorrecto, diré que pienso que las chicas llevan una carga de prejuicios y de experiencias transmitidas a través de sus madres acerca de cómo se organiza una casa que suponen una pesada carga y un obstáculo. Los "nuevos marujos" podemos aportar una visión fresca, no anclada en las tradiciones y "científica", aplicando las tecnologías y los productos de nuestro tiempo. Sirva de ejemplo: la mopa. Ya he encontrado varias chicas que al mismo tiempo que reconocen sus virtudes...¡se niegan a utilizarla! Otro error de fundamento: "Hay que limpiar al menos una vez a la semana". Este aserto es falso. Lo he comprobado científicamente. Si no se limpia una semana, no pasa nada. No he observado ningún fenómeno que me haga pensar que se va desplomar el techo o algo por el estilo, sólo ciertos malos olores a partir de la cuarta semana.
Para empezar les ofrezco la receta de los "Garbanzos a la Ligera", que preparé ayer. La ligereza no viene por el lado de los garbanzos, obviamente, sino porque me lo inventé todo sobre la marcha. Cogí caldo de pollo de tetrabrick y lo puse en el único caldero de que dispongo, el mismo en el que caliento la leche y el agua para el té y el arroz. ¿Cuánto? Un chorro. Observo con preocupación que en los supermercados se consiguen las cosas en tamaño familiar antiguo, basados en un concepto a veces casi romano de la familia. Los fabricantes deberían comprender que la nueva familia es también el solterón/a empedernido/a (ahora llamado singuel) o cada uno de los cónyuges separados con su régimen de visitas. En cualquier caso, lo que sobra, al congelador si no lo vamos a gastar en unos días. Seguimos. En ese caldo puse un tomate pequeño a trozos y tres dientes de ajo escachados (los escaché porque pensé que así soltarían mejor su sabor). Probé el caldo y sabía un poco a ajo y nada a tomate por lo que no sé si decirles que le pongan más tomate o ninguno en absoluto. Lo tuve un tiempo al fuego. ¿Cuánto? Un rato. Como los pellejos del tomate no se desprendían como tenía previsto lo colé y me deshice tanto de lo grueso del tomate como de los dientes de ajo, que ya habían cumplido su función. Luego cogí chorizo troceado, del que viene para estas cosas, y lo añadí al caldo. El calor hizo que enseguida se propagara su potente sabor. Después se cogen garbanzos de bote, que se enjuagan tal como ponen las instrucciones, y se añaden al caldo. No hace falta dejarlos mucho más en el fuego porque ya vienen guisados. Por cierto, que había uno negro. Yo pensaba que esas cosas ya no pasaban.
Se me criticará que uso demasiados productos "de bote". Que los productos naturales son mucho más sanos y bla, bla, bla... Cierto, la cocina con buenos ingredientes es mucho más sabrosa, pero en mi defensa diré (uno) que para hacer estas chapuzas es una pena usar buenos ingredientes. (Dos) ¿de qué sirve comer más sano y vivir más tiempo si lo tiene uno que perder pendiente de que se guisen unos garbanzos o revolviendo un caldo para que coja buen cuerpo? Sumen y resten. Sean científicos, lo que multiplica arriba se va con lo que divide abajo y nos quedamos igual que estábamos.
Esto ya está listo. ¿Queda bien? ¿A qué sabe? No lo sé. Lo tengo en la nevera para comerlo hoy en el almuerzo. Pienso añadirle unas papas no exactamente fritas sino hechas con poco fuego y que se queden como sancochadas pero con aceite. El aspecto, seamos sinceros, no es bueno. Se ha formado una capa superficial con el pimentón del chorizo y otra más profunda con el caldo. Al calentarlo espero que vuelvan a unirse. Me temo, además, que me entusiasmé con el chorizo. Sin embargo, a priori me parece un plato recomendable para una cena romántica, por dos cuestiones, primero porque a la luz de las velas, el aspecto va importar poco, y segundo, porque si bien es difícil que un plato con garbanzos resulte fino, sí que es muy viril. No deja lugar a dudas sobre por qué estamos allí, que no es para cenar, precisamente.
Aún con miedo de ser políticamente incorrecto, diré que pienso que las chicas llevan una carga de prejuicios y de experiencias transmitidas a través de sus madres acerca de cómo se organiza una casa que suponen una pesada carga y un obstáculo. Los "nuevos marujos" podemos aportar una visión fresca, no anclada en las tradiciones y "científica", aplicando las tecnologías y los productos de nuestro tiempo. Sirva de ejemplo: la mopa. Ya he encontrado varias chicas que al mismo tiempo que reconocen sus virtudes...¡se niegan a utilizarla! Otro error de fundamento: "Hay que limpiar al menos una vez a la semana". Este aserto es falso. Lo he comprobado científicamente. Si no se limpia una semana, no pasa nada. No he observado ningún fenómeno que me haga pensar que se va desplomar el techo o algo por el estilo, sólo ciertos malos olores a partir de la cuarta semana.
Para empezar les ofrezco la receta de los "Garbanzos a la Ligera", que preparé ayer. La ligereza no viene por el lado de los garbanzos, obviamente, sino porque me lo inventé todo sobre la marcha. Cogí caldo de pollo de tetrabrick y lo puse en el único caldero de que dispongo, el mismo en el que caliento la leche y el agua para el té y el arroz. ¿Cuánto? Un chorro. Observo con preocupación que en los supermercados se consiguen las cosas en tamaño familiar antiguo, basados en un concepto a veces casi romano de la familia. Los fabricantes deberían comprender que la nueva familia es también el solterón/a empedernido/a (ahora llamado singuel) o cada uno de los cónyuges separados con su régimen de visitas. En cualquier caso, lo que sobra, al congelador si no lo vamos a gastar en unos días. Seguimos. En ese caldo puse un tomate pequeño a trozos y tres dientes de ajo escachados (los escaché porque pensé que así soltarían mejor su sabor). Probé el caldo y sabía un poco a ajo y nada a tomate por lo que no sé si decirles que le pongan más tomate o ninguno en absoluto. Lo tuve un tiempo al fuego. ¿Cuánto? Un rato. Como los pellejos del tomate no se desprendían como tenía previsto lo colé y me deshice tanto de lo grueso del tomate como de los dientes de ajo, que ya habían cumplido su función. Luego cogí chorizo troceado, del que viene para estas cosas, y lo añadí al caldo. El calor hizo que enseguida se propagara su potente sabor. Después se cogen garbanzos de bote, que se enjuagan tal como ponen las instrucciones, y se añaden al caldo. No hace falta dejarlos mucho más en el fuego porque ya vienen guisados. Por cierto, que había uno negro. Yo pensaba que esas cosas ya no pasaban.
Se me criticará que uso demasiados productos "de bote". Que los productos naturales son mucho más sanos y bla, bla, bla... Cierto, la cocina con buenos ingredientes es mucho más sabrosa, pero en mi defensa diré (uno) que para hacer estas chapuzas es una pena usar buenos ingredientes. (Dos) ¿de qué sirve comer más sano y vivir más tiempo si lo tiene uno que perder pendiente de que se guisen unos garbanzos o revolviendo un caldo para que coja buen cuerpo? Sumen y resten. Sean científicos, lo que multiplica arriba se va con lo que divide abajo y nos quedamos igual que estábamos.
Esto ya está listo. ¿Queda bien? ¿A qué sabe? No lo sé. Lo tengo en la nevera para comerlo hoy en el almuerzo. Pienso añadirle unas papas no exactamente fritas sino hechas con poco fuego y que se queden como sancochadas pero con aceite. El aspecto, seamos sinceros, no es bueno. Se ha formado una capa superficial con el pimentón del chorizo y otra más profunda con el caldo. Al calentarlo espero que vuelvan a unirse. Me temo, además, que me entusiasmé con el chorizo. Sin embargo, a priori me parece un plato recomendable para una cena romántica, por dos cuestiones, primero porque a la luz de las velas, el aspecto va importar poco, y segundo, porque si bien es difícil que un plato con garbanzos resulte fino, sí que es muy viril. No deja lugar a dudas sobre por qué estamos allí, que no es para cenar, precisamente.
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