domingo, 15 de junio de 2014
Literatura
sábado, 2 de junio de 2012
Otra vez
viernes, 15 de abril de 2011
Extracción de la Piedra de la Cordura
“Si Fernando González Ochoa nos previene, a través de la entrada del día once de abril de 2011 en el blog Sufro de Sueños (ver blogs apuntados desde éste en el margen izquierdo), contra el síndrome del grande hombre incomprendido, yo, modestamente les prevengo contra el síndrome del hombre mínimo, creyente en que toda la culpa de sus males está en él mismo, sus actitudes, sus acciones o su falta de acción. Porque si el primero busca en los demás la explicación de sus fracasos y con ello justifica su inacción, el segundo busca la evitación del conflicto con los que le rodean y de esta manera, también, justifica igualmente su inacción.
No soy sicólogo, no soy filósofo, no soy sociólogo pero la observación de los demás y de mí mismo, las pocas lecturas que he hecho y mi blanda inteligencia me han llevado a concebir que somos, como personas, un cráneo que alberga un cerebro de alguna manera representante de nuestro verdadero yo, si tal existiera. A ese cráneo le suceden tejidos adiposos y musculares antes que la piel y después de ésta las mil máscaras que son nuestros gestos, muecas, sonrisas. Después están las palabras, como éstas. La elaborada máscara de las palabras capaces de nombrar cosas que no existen, capaces de derrumbarse ante lo inefable.
Me pregunto si detrás de las máscaras algo existe, o si somos sólo el perifollo del vacío. Que no somos nada más allá de las capas sucesivas. Y me pregunto esto con el desasosiego propio de quien se teme la peor respuesta, que no existe una respuesta. Pero también con el desasosiego de saber que somos una colección de máscaras que nunca observaremos cabalmente ni con el mejor juego de espejos. Resultamos inabarcables a nosotros mismos. Pero de alguna manera difusa intuimos cuando traicionamos a eso que suponemos nuestro meollo, cuando estamos usando un disfraz que no nos sienta. Por eso, a veces, la culpa de lo que nos pasa la tiene otro y otras, nosotros mismos, pero solemos hacernos pensar que la tiene quien más cómodo en cada momento nos resulta. Con todo esto buscamos un acomodamiento en el mundo, por no decir, una búsqueda relativa de la felicidad. Un compromiso de equilibrio entre la demencia y la cordura, entendiendo aquéllo como la visión distorsionada de la realidad que nos incluye, y ésta, como su visión cabal. Hablamos entonces de los límites de la felicidad.”
Pedro de Palos
viernes, 18 de febrero de 2011
Domingo López Torres

A raíz de la polémica propuesta parlamentaria de D. Blas Cabrera Felipe para el Día de de las Letras Canarias he leído una cincuentena larga de opiniones diversas. Más o menos agrupables todas como en contra y a favor. Y cómo no hay mal que por bien no venga, ha tenido el efecto colateral de que yo vuelva la mirada hacia la estantería donde duermen unos cuantos libros esperando que les dedique un rato suelto entre el trabajo, las tareas de la casa, los amigos, etc.
Entre tantas, leí una opinión según la cual la ausencia de escritores canarios de valía dificultaba encontrar candidatos al Día de las Letras Canarias. Pensé: debe ser que lo llevamos celebrando desde tiempo de los guanches y se ha agotado la lista. Comprobé que no era ése el problema. El problema es la ignorancia dolorosa, con muchos ejemplos: esa opinión, la propuesta del Parlamento Canario (que ha incurrido en un clamoroso ridículo) y mi propio (des)conocimiento de la literatura canaria, sin ir más lejos. No me hace falta señalar a nadie más allá de mi ombligo. Un nombre, de entre muchos, que aparecía repetido en las listas de los blogueros era Domingo López Torres. Efectivamente, tenía un libro suyo en la estantería, olvidado. Lo tomé y lo leí.
Me encontré por un lado una poesía exquisita con el mar como protagonista, por otro unos excelentes poemas surrealistas y unos magníficos artículos de opinión artístico-intelectual publicados en Gaceta de Arte y La Tarde durante los años 30. El delito de un buen grupo de canarios en aquel momento no fue no estar a la altura de las circunstancias sino exactamente el contrario, encontrarse por encima del casposo provincianismo que quizá hubiera asegurado su supervivencia. Sin embargo, ellos conectaban con las vanguardias políticas e intelectuales de Europa gracias a personas como Domingo López Torres, Eduardo Westherdahl, Domingo Pérez Minik y compañía. Por eso a Domingo López Torres lo encerraron en Fyffes (símbolo del bananerismo que todavía nos acecha), después lo metieron en un saco y lo tiraron a la mar, con 29 años (algunos dicen que 26). Otros intelectuales sospechosos no habían tenido una actividad política tan intensa, o un origen tan humilde o a un familiar pudiente que pudiera defenderlo. Aunque otros sobrevivieron, a Domingo lo asesinaron. A sus 29 años, con los medios de la época y de manera autodidacta había logrado formarse de la manera que queda acreditada en sus textos. Asombran especialmente los artículos de opinión publicados en Gaceta de Arte. A esta revista también la mataron, como se mata a las revistas, pues dejó de publicarse en junio o julio de 1936 a causa de la guerra. ¿Qué hubiera sido de las letras canarias que pretendemos homenajear cada año si los bárbaros no hubieran cortado vidas y proyectos de raíz? No lo sabremos nunca. Sí sabemos que el hilo de la historia que sí fue nos ha llevado a un Parlamento de Canarias como el que tenemos. A que canarios, no ya de la calle, sino con estudios universitario, estén al nivel de sus señorías. Por mi parte, he caído en la cuenta, que ya es algo, e intentaré poner remedio. Quizá no podamos esperar ayuda de nuestros políticos. El autodidacta Domingo López Torres demostró que no son imprescindibles. Es posible incluso que sólo estorben.
lunes, 4 de octubre de 2010
sábado, 14 de agosto de 2010
Religiones Alternativas
Llamar al ateísmo una religión me parece una reacción (fuerza contraria de sentido opuesto) a tanto cura molesto de los últimos varios siglos. Con lo de molesto quizá me quede corto: debe molestar bastante, y no sólo el humo en los ojos, que a uno le quemen en una hoguera, o le tiren piedras hasta matarlo. En fin. Yo no sé bien si Dios existe, pero bastante claro parece que los de uso común están hechos a imagen y semejanza del hombre, justo lo contrario de lo que muchos proclaman. Mi madre, que se tiene por religiosa, reza para que gane España, sin tener en cuenta que los holandeses también son criaturas del señor. Eso sí, vista la entrada de De Jong, serán devotos de dioses paganos que se relamen con sacrificios humanos.
No veo por qué Dios tiene que evitar una riada donde perezcan cientos de personas si con su muerte alimentarán a bacterias que continuarán el ciclo de la vida o de la materia. Un estado de cosas del que formamos parte pero del que no veo que seamos protagonistas. Maravillarnos de esta organización de la materia que llamamos vida, tanto nuestra, como de otros animales o palntas, me parece también la consecuencia de un fuerte ombligismo. Si no se hubiera desarrolado la “vida inteligente” no estaríamos aquí para maravillarnos de su existencia (creo que esto se llama principio antrópico o así, o que tiene alguna relación). Una cosa es tan necesaria a la otra que no puede maravillar de ninguna manera.
La observación directa de Dios no creo que sea posible, así que habrá que mirarlo en el reflejo que ha provocado en el hombre. ¿Si tantos han creído en Dios o en dioses a lo largo del tiempo tendrá que existir? Lo que es evidente es la necesidad de creer que Dios existe, pero yo no aventuraría mucho más. ¿Qué revela esta creencia común y pancultural? El absoluto sentimiento de desvalimiento del hombre en el mundo y la dificultad de tragar y digerir esto sin bicarbonato. Y como con cada necesidad, y como con cada miedo, no falta quien los use en su beneficio. Y hace gracia lo multiforme de la carnavalería que se monta: las máscaras de los hechiceros, los gorros del papa, las chilabas negras...un espectáculo que si Dios lo viera no apagaría el televisor.
sábado, 7 de agosto de 2010
Posturas e Imposturas

Me he ido escondiendo entre excusas. Hoy voy a agotar la última que espero que mañana no se convierta en la penúltima. No escribía porque no tenía una habitación adecuada. La tengo ya. Ni una mesa adecuada. Que tengo ya. Ni un ordenador adecuado, que ya tengo. Ahora me falta una silla en condiciones. Ajustable. La silla de madera que uso tiene una altura impropia, una respaldo demasiado recto, una incomodidad manifiesta. Roberto Bolaño he visto que escribía a mano y más tarde en un ordenador desfasado en una casa sin calefacción ni televisor. Ayer vi el reportaje y es el primer autor en el que pienso pero ¿cuántos serían los que escribieron dejándose la vista con la luz de una vela, en papel de tercera, aprovechado al máximo, en rincones húmedos de casas heladas? Sin embargo, mi gran obstáculo para romper a escribir son las condiciones físicas, meramente pragmáticas. Quizá la silla regulable no sirva de nada. Estoy pensando que en un jacuzzi sí podría escribir por fin en las condiciones adecuadas.
Coincidencias
domingo, 25 de julio de 2010
Madrigal de las Altas Torres
Soy grancanario y el arremolinamiento de habitantes en esta tarta de tierra de 50 Km de diámetro me agobia. Y no encontrar un sitio donde apartar la vista y descansarla de cualquier signo de ocupación humana: un coche, una casa, un “cuarto de aperos”, una torreta eléctrica, una carretera asfaltada, etc. Esta isla es tan maravillosa que no para de llegar gente a quedarse y por eso ha dejado de serlo. Pero lo que sucede en la Península es inconcebible. Será que no soporto las multitudes pero ¿cómo es posible que los poderes públicos no promuevan que la gente se disperse? Creo que hay dos motivos fundamentales: uno el propio instinto gregario y de manada del ser humano. Es curioso cómo al entrar en un aparcamiento de un centro comercial los conductores esperan a que salga otro que ocupa una plaza para aparcar allí. Se sabe que la planta de abajo está casi desierta, o el otro extremo del aparcamiento, pero la gente quiere estar donde está el otro. No conozco la explicación. ¿Instinto competitivo? ¿Deseo de tener lo que tiene el otro?; el segundo motivo para las grandes aglomeraciones es que son propias de nuestro sistema capitalista que las promueve. Sin las grandes urbes no existiría el capitalismo. Son necesarias al sistema, al tratamiento del hombre como masa, como un magma estadísticamente modelable (en el sentido de anticipar su comportamiento con un modelo que lo explique), controlable, informable (de poder darle la información adecuada) e integrable (como piezas de una máquina, cada cual en su papel, incluso hay piezas destinadas a ser piezas con mal funcionamiento, pero piezas al fin de la máquina). Un tipo que viviera en una casa de piedra a las afueras de Madrigal de las Altas Torres, que lavara a mano su poca ropa (unas camisetas viejas, unos viejos abrigos, unos vaqueros de más de seis años), que bebiera vino artesanal comprado a un vecino, que comiera principalmente productos de la tierra, que no tuviera televisión, sería, sin saberlo, un elemento subversivo de primer orden contra el sistema. Pero, precisamente por su comportamiento y carácter, no practicará ninguna clase de proselistismo y no será tratado como amenaza por el sistema.
martes, 4 de mayo de 2010
Ignacio Aldecoa
Es discutible ese solo papel de la narrativa. Hay novelas "interiores" que cuentan la vida de un hombre y lo que le pasa y lo que siente. Hay novelas sobre barcos amotinados hace dos siglos que nos cuentan, junto a otras muchas cosas, lo penoso de la esclavitud de los senegaleses, sin que ese sea "el tema". O la vida de un fantasma que trabaja en unas oficinas de un abogado de Wall Street. La denuncia de las cosas que pasan no es requisito imprescindible para darle valor a un libro. Hay libros cuyo mérito consiste en inventar un mundo que sólo tiene sentido en el sonido de las palabras que lo van contando y en las imágenes que evoca. Libros que hacen que sus traductores suden tinta.
Pero uno anda reflexionando sobre estas cuestiones y sopesando lo que decía el editor, cuando cojo en las manos un libro de cuentos de Ignacio Aldecoa, y todo cambia. Viene a caer como un cubo de agua de pozo sobre la comodidad de sofá, bien instalada. Realismo, sí. Tocamos la vida, después de la guerra, o de las guerras; de los campesinos, de los pescadores, de los vagabundos, de las familias burguesas con tiendita en ciudad de provincias. A los personajes los sentimos ya no reales sino hiperreales, porque nos sentamos con ellos a comer puchero el domingo, en familia. Oímos sus conversaciones mezquinas, sus reproches y sus cariños fraternales y sus esperanzas vanas. Acompañamos a un boxeador de gimnasio de barrio hasta partirse la crisma por una ilusión sin futuro, en una España donde el triunfo era sobrevivir y ver un poco de luz entre tanta grisura. Nos obliga en buen tino a compararla con la España actual y descubrir que no es oro todo lo que reluce, o relucía antes de la crisis. Esta literatura es quizá la que reclamaba el editor en su entrevista. Frente a esta literatura, toda la demás parece disparates de diletantes o garabatos de gente aburrida, juegos de burgueses que aprendieron ortografía. Esa es su tremenda potencia, descomunal. La de meternos en el mundo de Ignacio Aldecoa, el que sentía. Ni más ni menos que porque fue un escritor como la copa de un pino y escribía con honradez, siempre extraña al ego histriónico y gigantuno de su gremio.
Otras literaturas son posibles, valiosas y probables, aunque no frecuentes hoy en día. En general, no puedo estar de acuerdo con el editor. Creo que lo que debemos exigir como lectores es que las novelas, sencillamente, sean buenas. Fácil, ¿verdad? ¿Y si dejáramos de editar durante un par de años? Como un barbecho o una purga. Hay tanto escrito, que editar y publicar es una necesidad "de mercado". Como lector, no me preocupa demasiado, para entretenerme tengo el fútbol.
martes, 27 de abril de 2010
Fusilando
TITULAR: "Los demócratas pierden una primera votación sobre la reforma financiera". Pero es que previamente, Obama había dicho en el mismísmo púlpito de Wall Street, y fusilo también el texto "A menos que su modelo de negocio sea estafar a la gente, no hay nada que temer de estas nuevas normas". ¿Qué esperaba de la votación?
Ojalá el fin de este hombre sea sólo político. Y me persigno, aunque ustedes no lo vean y yo no crea mucho en esas cosas.
jueves, 22 de abril de 2010
Eyjafjallajokull
Los canarios no deberíamos jugar con estas cosas y advertir al resto de los habitante del planeta de que deben estar bien avenidos con las fuerzas telúricas. Fuerteventura parece dormida después del castigo de miles de años de erosión, viento y sol. Duerme, yerma. Pero en La Palma hace tres días (1971) en la longevidad de la tierra, que el Teneguía eructó y un poco antes (1949) Hoyo Negro y compañía. Lanzarote, antes de 1730 era de otra forma, pero después de seis años de erupciones en Timanfaya, quedó, poco más o menos, como la conocemos hoy , quitando claro está, las aportaciones humanas a su paisaje.
A mi, que no he tenido que pasar ninguna noche en el aeropuerto, me hace una gracia tremenda que un volcán con un nombre tan bonito, en un país del que nadie se acuerda sino para poner de ejemplo su bancarrota, haya dejado colapsada a Europa, sin causar más desastre que el económico. Nada que ver con la furia desatada del Vesubio, que dejó hechos piedra a las gentes de Pompeya, Herculano, etc.
La moraleja que saco de todo esto es que hay que evitar eufemismos, elipsis y diplomacias y llamar a las cosas por su nombre.


