
“El joven(1) se sentó en el banco del paseo poblado de mirtos(2). De nada sirvió el esfuerzo para controlar su mirada(3). Los huidizos(4) ojos encontraron pronto la fatal(5) ventana(6).”
Rockwell
El Joven del parque
(1) Siguiendo a E. Purcell y T. Powell, el texto debía referirse a los hechos acontecidos alrededor de 1876, cuando Sandro Escondolli contaba ya 46 años, es decir, había abandonado la juventud. Frisaba aquella edad en que los romanos distinguían los soldados junior de los senior. Es evidente, por tanto, el deseo del autor de que el lector considere a nuestro protagonista como un joven que se comporta conforme a los cánones románticos. En este sentido debemos interpretar el adjetivo, a pesar de encontrarse al borde del desajuste cronológico.
(2) Como bien se sabe, la flor de mirto es símbolo del amor. El Parque de Winstell, en Hanonburg, donde se ha de desarrollar necesariamente la acción (no había otro en aquella ciudad dado que el Pulmón de Alamos fue construido en 1929) nunca tuvo mirtos plantados. El clima de la ciudad, la tradición jardinera de la Baja Remanaria (véase la nota 7) y los documentos históricos del municipio lo han corroborado. De nuevo, siguiendo a E. Purcell, consideramos que este aparente error histórico no se debe a un descuido por parte del autor sino, todo lo contrario, a su intención de subrayar el simbolismo de unas plantas que nacen en tierras que no le corresponden, como nació el amor del joven Sandro (véase nota 1), en rebelión contra las normas de la naturaleza.
(3) La mirada es metáfora de deseo, como en toda la literatura de la época y especialmente en los autores de la Generación del Desorden (veáse nota (23). La mirada es aquí la trayectoria de la flecha de cupido. Los jardines del parque, la ventana, la atmósfera toda, que sutilmente va entretejiéndose, conforman el límite semántico a cada una de las palabras usadas por Rockwell.
(4) La metonimia entre los ojos de Sandro y toda su figura y personalidad es destacada por E. Purcell y discutida por A. Aparicio. La indecisión del personaje queda reflejada y fijada en episodios como aquél en el que se recoge el ahogamiento de la anciana en el capítulo DXXVII. Desde luego apoyamos el análisis de E. Purcell, si bien que ponderado por algunos de los matices que introduce A. Aparicio y que serán comentados en su momento (véanse notas 234, 236 y 459).
(5) El adjetivo presagia la tragedia. El hado, siempre presente en la obra de esta generación, es objeto de crítica severa por parte de Estanislao Estanislawsky. Según este autor, “la Generación del Desorden es un subproducto artístico de la sociedad acomodaticia y burguesa que se había desplegado peligrosamente en toda la Franca Europa a mediados del S. XIX. Una producción suficiente de bienes, cimentada en el esfuerzo de las generaciones precedentes, así como en sus logros sociales, conseguidos con sangre y sudor en la lucha contra las fuerzas reaccionarias, residuos del antiguo régimen, acabó por hacer surgir una generación de vagos. En literatura, estos individuos, amparados en una especie de sacralización de las artes y sus productos, en detrimento de los de la masa obrera, mucho más necesarios y de los cuales parasitaban, no se molestaron siquiera en dibujar argumentos creíbles enlazados en historias edificantes. Por contra, recurrieron sistemáticamente a un hado caprichoso que guiaba a sus estúpidos personajes por caminos arbitrariamente aberrantes."
(6) La ventana de Amanda (que no casualmente se corresponde con el segundo título de la pentalogía: El joven del parque, La ventana de Amanda, Fuegos de asedio, Las aguas calmas del foso y Musgo seco sobre las murallas de la arrasada ciudad) es el vano aquel por donde la mirada del deseo pretende penetrar en contra de las ineludibles leyes de la óptica. La transgresión de estas leyes, tan sugestivamente propuestas por Rockweel en esta, aparentemente, sencilla frase, desata la ilusión del lector. Puede encontrarse ante un texto total, esférico y contenedor de las propuestas fundamentales en el análisis del deseo.
(7) (Referido desde la nota (2)). Toda alusión a los jardines de las ciudades bajoremanarias, y los del Parque de Winstell en Hanonburg en particular, debe tener presente los trágicos acontecimientos que tuvieron lugar durante la Guerra de los Doce Años y Pico. Recordemos que varias ciudades sufrieron asedios que se prolongaron durante meses. Ante el peligro de las epidemias y la escasez de suelo libre en el interior de las urbes, los ciudadanos se vieron impelidos a usar cualquier clase de terreno para la inhumación de los cadáveres. Una vez saturados los cementerios, se recurrió a los jardines privados y públicos y a los parques municipales. Quiere la leyenda dulcificar el horror refiriendo la frondosidad actual de la república. Por supuesto, esta explicación poética, no puede ser avalada por el rigor de ninguna ciencia. Los mirtos de Rockwell hincan sus raíces en esta historia que no desconoce el lector culto.
4 comentarios:
Magnifico texto. Muy acertadas y precisas las escuetas notas que lo acompañan.
Odio esos textos plagados de notas, excesivamente eruditos. Yo quiero enfrentarme solo a la obra y, únicamente en el caso de que esta me venza, acudir a la ayuda de las notas en una posterior revancha. Porque la lectura es una lucha en toda regla. Y el lector que se presenta a esta lucha acorazado de notas aclaratorias, no es más que un vil cobarde mental.
No sé si he entendido bien el sentido del texto. ¿Es una reseña, un relato? Un poco de ayuda, por favor.
Por cierto, tus lecturas cada vez son más eclépticas: literatura, historia, filosofía, ¡fotografía degital!
Deberías tener ciudado de no perderte entre los árboles del bosque. O, por lo menos, arroja al suelo algunas miguitas de pan para no perderte en el camino de vuelta.
Saludos.
¿Qué intentaba? UNA: montar un texto coherente (más o menos) a base de notas sobre un texto anotado y que éste último se desdibujara frente a las notas de sus críticos para...DOS: parodiar esos comentarios tan profusos que (a mí al menos me lo parece) uno piensa que encuentran en el texto original cosas que el escritor ni soñó. Aunque (quizá TRES) no porque el autor no las soñara no están (curiosamente) en el texto. La idea no es nueva ni mucho menos. Ya Navokov montó una novela (estupenda) con la crítica que hacía un tipo a un poema enorme (en tamaño) pero más que mediocre (a mi juicio).
He estado de vacaciones lo que significa que he dispuesto de mi tiempo para lo que me ha dado la gana (el resto del año mi tiempo es para lo que le da la gana a otro), y he estado leyendo por cosas de allí y cosas de allá. He vuelto al corral, así que de nuevo se paralizarán mis lecturas, tristemente, así como mis otras actividades (que, me permito la osadía de llamar) artísticas{[(fin)]}
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