domingo, 31 de julio de 2011

Reflexiones en cuclillas desde lo alto de un armario



Me crecen plumas en las manos.
La sangre se me vuelve tinta y la derramo.
Pido perdón por las palabras que perpetro.
Por tanta pe. Pido perdón.

Ganas de sacar la garganta por la ventana.
Como el caballo de Guernica. La lengua en pico.
Pero nada más lejos de mi carácter que ir llamando la atención.
Las ganas me las guardo.
Si fumara en pipa, me guardaría las ganas golpeándola ligeramente contra el borde de una mesa.


Pero nunca he fumado, y esa es mi perdición.
Nunca he fumado y no puedo aspirar a que una enfermedad terrible
me aparte del papel después de carcomerme cada diente.
Muelas sanas.
Como como un condenado. Gano peso. Pierdo altitud.
Me precipito desde lo alto de un armario.
No muy alto.
Todo es caer mal. Y desnucarse.
Caer a plomo.

Me pone un pollo completo.
Y dos raciones de papas.
Debo lastrarme para caer bien.
La primera vez que voy a caer bien.
Desde lo alto de un armario.
Me lo comí todo, también el contramuslo,
que nunca supe lo que es.

Poco probable es que vuele.
Las plumas en las manos son sólo una metáfora.