miércoles, 28 de enero de 2009

Jane Murió

Jane murió, por tanto me siento libre de la promesa que le hice de no contar nunca el secreto que me reveló. Jane murió porque acudió al médico para que la tratara de unas jaquecas recurrentes. Éste le hizo ciertos análisis preliminares y le dijo que no encontraba nada. Jane, sin embargo, creyó encontrar en sus gestos que algo le ocultaba. Acudió a otro, que tampoco fue capaz de diagnosticarle nada. Finalmente un santero de Visvique le encontró un terrible mal de ojo que acabaría llevándola a la tumba. Una tarde iba tan abstraída y preocupada en el mal de ojo que no vio una guagua que pasaba y la aplastó brutalmente. Los pocos restos que quedaron fueron velados por una cantidad escasa pero selecta de amigos. Finalmente, depositamos sus cenizas en un pequeño tarro cerámico y las esparcimos por las medianías de la isla, como había sido su deseo. Jane fumaba en pipa y viajaba siempre con un gorro de lana así fuera verano como invierno. Su imagen, sentada al fondo de la guagua, con el gorro, leyendo cualquier cosa, estará siempre en mi memoria. El secreto que Jane me contó es que nunca había dado clases de pintura en la Academia Waxtor and Gumble de Cincinnati. Esta cuestión, que a ustedes les importará un bledo, fue la bandera que exhibió al principio de su carrera de profesora de pintura y que la catapultó al éxito profesional en los 80. Su academia de pintura se llenó en semanas. Tuvo que alquilar un local mayor, ampliar los horarios, aumentar el tamaño de los grupos…Al cabo de dos años su fama había crecido de una manera tan sorprendente que se presentó en su aula la señorita Smith. Estaba becada para recibir sus clases y venía nada menos que de Cincinnati, la enviaba un tal Dr. Corner de la Academia Waxtor and Gumble de Cincinnati. Entre la sonrisa y el miedo a ser descubierta, Jane encontró una manera de acomodar a la señorita Smith en un cálido rincón de su aula y se produjo un extraño fenómeno de retroalimentación con origen en la nada. Quizás las jaquecas de Jane fueran producto del saturnismo. Nunca se puso guantes para manipular las pinturas que gustaba fabricar con sus propias manos, o quizás, un mal de ojo, de una alumna que debió existir en la academia de Cincinnati y que nunca fue conocida fuera del ambiente familiar.