miércoles, 16 de julio de 2008

El Verano

Kodinski se hubiera conformado con sacar de la caja de las letras, como él decía, un buen cuento en el verano. Sólo pedía uno para todo un verano, pero la inspiración no llegaba. ¿A qué se debía?

En Teror crecían lechugas hermosas en el huerto de mi padre. Las moscas proliferaban en las paredes frescas del cuarto de aperos. Los días tórridos habían llegado. El gato, negro, pasaba la tarde entera tirado a la sombra. Un abejorro había caído en el agua de la piscina hinchable de mis sobrinos. Los mimos languidecían al sol, esperando que cayera la noche.

En Las Canteras la tarde se prolongaba y enlazaba amorosamente con la noche. Eramos chiquillos y no sabíamos lo que era la fatiga. La playa era enorme como el día. Jugábamos a las palas, nadábamos, nos enamorábamos, comíamos barquillos y polos de agua. ¿Libertad?, no sabíamos lo que significaba esa palabra. Nuestras energías eran infinitas. Al acostarme recuerdo que sentía cómo la cama se movía mecida por las olas.

Llegará un verano en que sentiré que me agoto para siempre. En verano nací y los ciclos se cierran. Kodinski encontrará su musa. El invierno en Teror traerá lluvia y frío, desaparecerán las moscas y los abejorros. En Las Canteras se hará de noche a las siete, cuando los niños hacen sus deberes de clase.